Hidrofóbico polizonte

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Mis ojos otean el horizonte,

cada vez más cercano,

quizá sea éste el que me sorprenda,

y sigo allí, inmóvil.

En la quietud de la incertidumbre,

en la hiperactividad de la certeza,

en una constante cadencia

de mil ritmos átonos,

remarcando la carencia.

En un sonido disonante,

un traqueteo de herrumbre

exento de ese anhelo de proeza

y cargado de evidencia.

Manifestando mi mundanidad,

el anodino paso del paisano,

colega del tránsito estéril,

camarada de recorrido baldío.

Sin perspectiva de un confín,

extralimitado en una ocasión,

de ida y vuelta, sin aviso,

sin conocimiento ni intención,

para volver a esperar sin porqué,

y, mucho menos, porqué no.

Horadando terreno arado,

taladrando orificios abiertos,

carcomiendo polvo de madera

con la misma falta de expectativa.

En la quietud de la sinrazón,

en la lógica de la acinesia,

sin perder de vista un límite,

en la lontananza de la cercanía,

que dejó de tener sentido,

antes, incluso, del tajo umbilical.

De aquella primera bocanada,

que me convirtió en un alguien,

en un expectante del final,

de un acabose, quizá escrito,

¿Para qué, por qué y por quién?

Ilusa quimera de prepotencia,

donde no hallamos finalidad,

mucho menos razón

y, desde luego, autor.

Soy, como forma de entenderme,

no como descripción,

otro de esos millones de vacíos,

henchidos de un soy sin ser.

Aún oteando el horizonte,

con la sonrisa rota del engreído

que no acepta, no ya la derrota,

pues jamás hubo batalla,

sino, es evidente, la provocación.

Ese reto innato y vital

de todo ser vivo cuyo fin,

no es hacer senda,

sino formar parte de ella,

no de una manera existencial

y, mucho menos, “espiritual”,

sino, sencillamente material,

utilitaria, práctica y pragmática.

Y es, ese “sencillamente”,

el que convierte todo,

en un absoluto complicado,

inmovilizador y repleto de “no sés”,

“no puede ser” y “¿Para qués?”.

Eso sí, con la exculpación y la irresponsabilidad,

no del cándido infante,

sino del veterano chusquero

incapaz de aceptar su vacua impronta,

su adoptada dependencia procaz,

bajo una estulticia no aceptada.

Escondida tras esa espada de Damocles,

mal llamada destino,

permanentemente alzada sobre la línea del horizonte.

Esa que me mantiene inmóvil,

a su espera, como única certidumbre,

y exclusiva razón,

de un recorrido insustancial,

de un hidrofóbico polizonte.

 

yon raga kender

www.yonragakender.es

[¿`+¡`_ ´)´¿ ¡¨,[

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One comment

  1. site · diciembre 26

    Pɑarа isso, aⅼgumas dicas pߋdem fazer a diferença.

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