Tiempo contado

dragon27

 

Las alas del dragón levantaban una brisa tan potente que combaba los troncos de los ancestrales árboles del páramo. Ella, más que preguntarse cómo era posible que en un lugar yermo de roca viva los desproporcionados árboles de cientos de años consiguieran extraer el agua que les alimentaba, intentaba no llamar la atención de los enormes reptiles oculta en el interior de uno de los troncos. Era consciente que ningún ser humano había arribado hasta allí, lugar de cobijo y reunión de los dragones y, por primera vez, fue consciente de las distintas especies y tamaños del mitológico animal. Había incluso una especie cuyo volumen no era mayor que el de un dogo hasta los más desproporcionados, los azules, rayanos a los treinta y seis metros de altura. Precisamente, en uno de ellos había arribado hasta aquella elevadísima meseta estéril, en plena batalla su armadura quedó enganchada a una de las escamas del principio de su cola y, cual si ella se tratase de poco más que un puñado de barro seco, cuando inicio el vuelo no sintió su presencia, tampoco en el aterrizaje donde, cuando se soltó estuvo a punto de chafarla. Si bien, aun mareada y desorientada por el largo vuelo, cuando sintió su liberación y siendo consciente de que el desproporcionado animal podía chafarla sin enterarse, dio una voltereta sin apartar la mirada del voluminoso cuerpo azulado y consiguió esquivar las afiladas garras de sus patas traseras y, acto seguido, el golpe de la enorme cola escamada sirviendo de timón de aterrizaje. Una vez a salvo, con mucho esfuerzo, consiguió refugiarse en el interior de uno de los grandes árboles, casi hueco, de esa especie desconocida para el ser humano que habitaba el páramo. Observó a los poderosos animales alados aterrizando y, lo que ella creía discernir de sus incomprensibles bramidos, comunicándose entre ellos en acaloradas discusiones hasta que, precisamente, el gran dragón azul que la había traído hasta allí, imponía su autoridad y, tras hacer callar a todos, soltaba una larga perorata que hizo bajar la cabeza a casi todos. El líder cobalto que le había arrastrado involuntariamente hasta allí, finalmente, se quedó solo pensativo mientras el resto de dragones levantaban el vuelo y volvían a la lucha, al menos, eso fue lo que ella pensó, el líder sopesando la siguiente maniobra de ataque.

-¡Impee, sal de tu escondrijo! –grita con una voz grave en el idioma de la guerrera, ésta, inicialmente aterrorizada e incrédula, intenta no moverse un ápice, sin embargo, los enormes ojos verde esmeralda reptilianos clavándose en los azules de ella, no le dejan lugar a dudas, y abandona su refugio manteniendo su mano sobre la empuñadura del pesado sable que pende de su cintura, mientras la brisa juega con la larga y suelta cabellera castaña.

-Creías que no era consciente de llevar un grano en el culo –vuelve a atronar la voz del dragón, ésta vez en un tono más amigable pero con un extraño acento, debido, supone ella, a la gran diferencia entre el idioma humano y el draconiano.

-No soy un grano en el culo de nadie y… ¿Cómo conoces mi nombre?

-Todos los Enillan… Humanos, sois un grano en el culo pero, tú, especialmente, lo has sido durante un rato y… Impee, vuestra especie es la única que desconoce todo de las demás, en todas partes conocen mi nombre, Bw·Lw, pero no porque sea más especial que el resto, aunque lo sea más que muchos, sino porque todos…

-Si sabías que venía contigo, Bw·Lw, es porque quieres algo, como todos los de tu especie, dime, ¿Qué quieres de mí? No soy más que una guerrera… ¿Enillan, humana?

-No venías conmigo, te he traído aunque, si te digo la verdad, al final no sabía si…

-Porque me he quedado engancha…

-No, lo he provoc… ¡Ya está bien! –estalla Bw·Lw resoplando fuego por sus fauces- Serás la mensajera que informará de nuestra rendición y…

-¿Qué os rendís? Pero,… Si nos estáis…

-¿Aniquilando? Sí, no sois más que… Pero no puede ser, tu especie tiene que continuar, por ello nos retiramos Dragones, Enanos, Trolls… Incluso eso que llamáis magia y que no es más que otra forma de formar parte de la naturaleza, os dejamos con vuestra artificialidad para pasar a ser parte de vuestras leyendas…

-Si es así, como tú dices, Bw·Lw, no necesitas un mensajero para qué… ¡Para qué! –grita finalmente girando sobre sí misma enfrentándose a su oponente, el enorme dragón azul digital en cuyos ojos puede verse a sí misma, su avatar, un guerrero de pesada armadura- Para qué quieres detener la partida, sí…

-¿Te estoy aniquilando? –le ataja el enorme dragón azul con una voz excesivamente mundana y varonil- ¿Impee, me recuerdas?

La mujer, ataviada con una blusa blanca y tejanos de cintura baja, extrae con rapidez las gafas de realidad virtual y las lanza sobre el pequeño sofá frente a ella, observando su entorno como si lo descubriera por primera vez, un pequeño apartamento de una sola pieza, extremadamente moderno con cocina de barra americana y cama de matrimonio elevada sobre el mueble de la televisión.

-¿Pero, qué…? ¿Qué es…? –se pregunta en voz alta un instante antes de escuchar un extraño sonido que precede a la aparición de hombre de larga barba, reptilianos ojos verde esmeralda, ataviado con un largo gabán azul oscuro, casi negro, que no oculta la presencia de la empuñadura de la larga hoja de sable pendiendo de su cintura y las botas de caña alta de guerrero.

-Soy Bw·Lw, como recordarás Impee, los dragones podemos poliformizarnos…

-¿De qué va esto? –le interrumpe ella aterrorizada mientras busca respuesta con sus ojos en el pequeño apartamento- Es una broma ¿verdad? ¿Cómo lo habéis hecho? ¿Cómo…?

-Cuando comenzó el tiempo de tu especie, nos retiramos, aunque jamás nos fuimos, siempre hemos estado aquí y… Ahora, ocupamos ese espacio que vosotros llamáis virtual, en realidad una dimensión que antaño podíais ver sin necesidad de artilugios pero, se ha acabado, entonces fuiste la mensajera de nuestra desaparición, ahora…

Un pequeño niño ataviado con un escueto taparrabos, observa con ojos abiertos como platos, a la guerrera de larga melena castaña, ataviada con una armadura negra moderna, cargada de armas automáticas, además de una empuñadura de sable, cuya hoja aparece cuando se empuña. Ambos, iluminados por una pobre luz de bombilla, se encuentran en un túnel subterráneo rodeados de una centena de hombres y mujeres, vestidos con harapos y aspecto famélico.

-Tú eres Impee, la inmortal ¿Verdad? –dice el pequeño con voz aguda, ella le observa con expresión vencida, antes de responder-

-Sí, soy Impee, a la que Bw·Lw, el Dragón Azul, impregnó con su magia y me hizo inmortal y… Mensajera de…

-Les vamos a volver a vencer, es nuestro destino ¿Verdad? -Le ataja el pequeño admirado y esperanzado-

-No sé cómo y cuándo he muerto y vuelto a nacer durante siglos y siglos, cómo voy saber cuál es nuestro destino. Sólo sé, que siempre ha estado en manos de “Bw·Lw y los suyos que nuestra especie, los humanos, siempre tuvimos el tiempo contado.

 

yon raga kender

www.yonragakender.es

[¿`+¡`_ ´)´¿ ¡¨,[

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