Desconocido Universo

multiverse

 

Las preguntas habían cesado mucho tiempo atrás, los porqués y los cómos, dejaron de tener importancia cuando, no sólo no encontró respuestas, sino en el momento en que asumió la falta de manejabilidad de su existencia. No hay duda, en su mente siempre estaría presente el iniciático momento en que el vértigo y la desorientación apresaron por completo su voluntad. Notarse en suspensión en mitad de una nada oscura repleta de puntos brillantes, sin siquiera una prenda de ropa con la que sentirse a resguardo hasta el descubrimiento, aún más confuso, de hallarse en el interior de una imposible burbuja en mitad del espacio sideral a cientos de quilómetros del planeta Tierra. Dilapidó por completo su cordura, durante días, únicamente fue capaz de gritar, llorar y sorprenderse por la falta de calor o frío de ese inexplicable material traslucido que conformaba la burbuja de apenas dos metros de diámetro. En cuyo interior, lejos de nuevo de las más básicas leyes de la ciencia, jamás faltaba el aire y, lo que aún sorprendía más, le había convertido en un ser carente de necesidades fisiológicas tanto de ingestión como de evacuación. Si bien, el tiempo había pasado, incapaz de concretar cuánto, y aquel inicial estado había dejado espacio para el de la paciencia, también el hastío y, desde luego, una apatía que había conseguido apartar otras cuestiones. Como la posibilidad de pertenecer a algún tipo de familia divina, de desconocer una ralea omnisciente y omnipotente de la que, por alguna razón se había separado y, ésta, tras su recuperación había iniciado un lento proceso de adaptación y reconocimiento. Sin embargo, la lógica humana, aunque su situación fuera completamente irracional, le llevó a descartar esas aún más ilusorias justificaciones, y aceptar su nuevo status, disfrutando, entre otras cosas, de la privilegiada visión de su planeta y el satélite, del oscuro entorno enriquecido por lejanas y luminosas estelas de cometas, el Sol, el resto de planetas, satélites perdidos u orbitando, basura espacial procedente de las más que constantes envíos espaciales, extrañas luces en la llamada cara oculta de la Luna y, desde luego, de la soledad y la falta de distracciones. Esto último, una vez aceptada su nueva condición y tras esa apenas visible movilidad de su entorno, creía poderlo combatir con la esporádica visión de alguna nave espacial pero, o bien aquella zona del Universo no se encontraba dentro de las rutas de navegación, o bien en los posibles planetas habitados se encontraban en el mismo punto o más atrasados tecnológicamente que en la Tierra o, por simple descarte, no existía más vida en el Cosmos. En cualquiera de los casos, finalmente, el aburrimiento se apoderaba de su existencia, la incomprensión de su actitud y, aunque no podía afirmarlo con certeza, el tiempo pasaba y, éste, no dejaba huella alguna en su físico, bien al contrario, su piel algo ajada por la cercanía a la doble veintena se había vuelto elástica y suave. Si bien, en cierto modo, no le servía de consuelo alguno, en ocasiones, viendo el reflejo en el indescriptible entorno traslucido, arrancaba una pícara sonrisa que henchía su entereza. Hasta que el sueño le vencía y recostándose en posición fetal, se dejaba arrastrar por esas horas de evasión donde su mente le transportaba de nuevo a la Tierra, a su entorno, a aquellas calles bucólicas del casco antiguo de la gran ciudad donde un día decidió habitar. Entre un característico submundo artístico y aglógico, completamente urbanita, que abogaba por las últimas tendencias sociales y biológicas, aún prevaleciendo, por encima de todo, los últimos avances tecnológicos. Eso sí, escogiendo pequeños rincones entre ajados edificios y árboles, tomados por terrazas de bares familiares, músicos callejeros y niños revoloteando más allá de la ridícula zona infantil. Era en esos momentos cuando volvía a reconocer la persona que fue, con sus recuerdos, sus vivencias, sus proyectos y sus deseos. Aquellos que no le llevaban a interrogarse sobre su propia existencia, momento vivido como casi todo el mundo en su tierna juventud, sino que asentaban su elaborada personalidad, siempre en proceso de mejora, pero basada en su continua y atenta experiencia diaria. Mundología que, en su nueva situación, no tenía valor alguno quedando remitida a esos instantes de sopor, cada vez más cortos, en los que podía evadirse de su irreal existencia. Esa que, inesperadamente, se vio fracturada cuando un hierático meteorito golpeó contra la inexplicable burbuja, ya había pasado en contadas ocasiones, sin que su circular habitáculo hubiera sufrido desperfecto alguno. Sin embargo, esa vez, el impacto provocó el nacimiento de una grieta que amenazaba con extenderse provocando una fisura que, no había duda, rompería la inconsistente e inexplicable viabilidad de la burbuja. Sus ojos, antaño de color marrón como el de las aceitunas antes de madurar, trasmutados en un verde esmeralda no podían apartarse de la creciente hendidura, aun más, sus oídos, evadidos del ruido desde un tiempo que era imposible de calcular, se sentían agredidos por el casi inaudible estruendo del imposible material despedazándose lentamente. Un eco que asimilaba un segundero de reloj, supliendo el eterno tic tac por la falta de resuello y suspiros entrecortados. Durante un instante, porque realmente no fueron más que segundos, su mente quedó tomada por mil recuerdos olvidados, miríadas de periquetes que habían enriquecido su existencia como observar la sonrisa de quien te sirve un café en un bar, el humedecimiento de unos párpados a causa de una emoción. Tantos santiamenes que nada tenían que ver con el resumen de una vida y sí con la viveza de una existencia que, afortunadamente, le evitaron el horror final de aprehender el instante en que la burbuja, sencillamente, estalló. Reventó en mil intangibles pedazos como su cuerpo, esparciéndose en una nada que supone un todo como la propia existencia. Esa vívida realidad de cada ser que siendo nada es un todo cuyo génesis y remate se encuentra en el propio ente. Incomprensible, quizá aceptado pero no por ello concebible, sufragando su existencia desde el principio hasta ese final, en ocasiones incoherente, como habitar en una burbuja en mitad del espacio. Otras, insustancial y anodina, pocas extraordinarias y, muchas, monótonas pero todas, remitidas a esa nada que es un todo cual desconocido Universo.

yon raga kender

www.yonragakender.es

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